¿Sabés hace cuánto no le veo la cara a Dios?

La rígida Madre Superiora se enorgullece de su disciplina y su vida de renuncia, convencida de que el convento es un espacio de pureza y serenidad. Pero cuando una joven novicia llega con dudas “espirituales” y “carnales” que rozan el doble sentido, las defensas de la Madre empiezan a resquebrajarse.